Nos volvemos a encontrar a través de este anuario de nuestra hermandad. Este año me dirijo a cada uno con un tema en el que todos deberíamos profundizar. El Año Santo Jubilar.
El jubileo es un tiempo de gracia y misericordia, un momento especial en la vida de la Iglesia que nos invita a la conversión, la reconciliación y a la renovación de nuestra Fe. A lo largo de la historia, la Iglesia a celebrado los años jubilares como una oportunidad para acercarnos más a Dios, redescubrir el valor del perdón y fortalecer nuestra vida cristiana.
Vivir el jubileo en nuestra Hermandad es una oportunidad única para transmitir la fe, profundizar en la vida de oración y fortalecer los lazos fraternos en Cristo. En nuestra hermandad vamos a vivir una serie de actos programados para vivir este año con júbilo, pero podemos caer en la tentación de quedarnos solo en los cultos externos. Cuando se publique este anuario ya habremos vivido algunos actos programados, unos de ellos fue la charla de formación de D. Marcelino Manzano (Delegado episcopal de Hdads. y Cofradías) dentro de las pasadas Jornaditas y el traslado al Centro de la Obra Social de nuestra hermandad, de la Santísima Virgen de la Soledad. Vendrán más momentos en los que podremos compartir y vivir este año en hermandad, por eso os animo a vivirlos en profundidad y en comunión con la Iglesia Universal.
¿Qué es el Jubileo y por qué es importante?
El Jubileo es un año santo que la Iglesia proclama cada 25 años, aunque el papa puede convocar jubileos extraordinarios en momentos especiales. Su origen se encuentra en la tradición bíblica del Año Jubilar descrito en el Libro del Levítico.
“Declararéis santo el año y proclamareis en la Tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad y volverá a su familia” (Levítico 25, 10).
La importancia de un jubileo
¿Por qué el Jubileo es un evento tan importante para los católicos? La respuesta es simple: ofrece una oportunidad extraordinaria para alcanzar la salvación y experimentar cómo la santidad de Dios puede transformarnos. En definitiva, es un regalo que nos ayuda a acercarnos al Cielo.
¿Por qué? Porque ofrece a los fieles la posibilidad de obtener el "tesoro" de la Iglesia: la indulgencia plenaria, que devuelve el alma al estado de pureza recibido en el bautismo.
Requisitos para obtener la indulgencia jubilar.
La Iglesia no es una asociación de personas perfectas, sino una comunión de pecadores perdonados, es decir, de personas que han conocido el encanto engañoso del pecado, pero también la experiencia gozosa y liberadora del perdón. La Iglesia está llamada a encarnar la misericordia de Dios, convirtiéndose en "un lugar de misericordia gratuita, donde todos puedan sentirse acogidos, amados, perdonados y animados a vivir según la vida buena del Evangelio" (Papa Francisco). Y esto comienza con la celebración de la Penitencia, donde el sacerdote está llamado a ser más padre que juez.
Para obtener la indulgencia jubilar es imprescindible conocer los requisitos y lugares específicos. El Vaticano recordó las tres condiciones habituales para recibirlo:
- Confesión sacramental.
- Recepción de la Eucaristía.
- Oración por las intenciones del Santo Padre.
Por tanto, para obtener la indulgencia plenaria hay que confesarse, recibir la Comunión y rezar por el Papa Francisco.
La indulgencia también se puede recibir mediante obras de misericordia y penitencia, como visitar a los enfermos, a los presos, a los ancianos solitarios o privarse, al menos por un día, de distracciones banales como las redes sociales o el consumo superfluo.
Vivir el Año Jubilar significa prepararse con confianza renovada y corazón abierto para acoger esta obra que el Señor quiere realizar en nosotros, a través del Espíritu Santo que, el día del bautismo, fue derramado en nuestros corazones.
Como nos invita el Papa en la Bula que anuncia el Jubileo, estamos llamados a dar forma y rostro concreto a la geografía de la esperanza en nuestras comunidades. ¿Cómo? Escuchando a los pobres que viven en nuestro territorio, para captar sus necesidades y urgencias, mapeando los lugares de esperanza ya existentes (residencias de ancianos, centros para personas con discapacidad, Cáritas parroquial, o la misma Obra Social de nuestra hermandad) que tal vez necesiten nuestra presencia y apoyo.
Os animo a vivir este año llenos de júbilo y esperanza.
Alfonso Filiberto del Castillo
Director espiritual

