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La Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Castilleja de la Cuesta acoge cada año, del 16 al 24 de diciembre, las tradicionales 'Jornaditas', una Solemne Novena en la que se cuenta, a través de imágenes, el camino de la Virgen María y de San José desde Nazaret a Belén como preludio del nacimiento del Niño Jesús.

Las 'Jornaditas' están vinculadas a Castilleja al menos desde el siglo XVII, constituyendo uno de los cultos más singulares de toda la provincia de Sevilla en torno a las fechas navideñas.

Cada día, el altar mayor del templo parroquial santiaguista representa una escena distinta del camino de los Santos Esposos hasta Belén. A continuación repasamos, jornada a jornada, la escena de cada día y su significado:

PRIMERA JORNADA. 16 DE DICIEMBRE

Esta es la primera jornada, y es en el Monte Tabor, donde obró el Divino Niño el misterio de la Transfiguración en su crecida edad, manifestando su gloria a los tres discípulos. Donde contemplarás la humildad y pobreza con que emprendió su viaje nuestra purísima Reina, y no llevando otra cosa que un poco de pan y fruta para tan dilatadas jornadas, caminando por aquellos montones de nieve, en un pobre y humilde jumento. Y al Santísimo Esposo hecho paje de estribo de la Reina Madre llevando en sus hombros el fardito de ropa, y ajuar del Divino Niño, guiando el jumento por las veredas más suaves. Contempla también cómo, llegando a aquel alto monte, le formó el Santo José entre las ramas un pabellón con su humilde capa, para resistir los aires fríos del riguroso invierno. Mira, también, al Divino Niño, en aquel virginal tálamo, donde teniendo muy presente el misterio de la Transfiguración, miraba los pocos que le habían de seguir por las sendas del camino de la cruz, para llegar a la posada eterna de la gloria. Los muchos que habían de perderse en la peregrinación y viaje a la eternidad, por el camino ancho de la perdición; y mira qué camino llevas para llegar al alto monte de la gloria; y pídeles a nuestros peregrinos sagrados que te admitan en su compañía, para llegar con seguridad al Belén de la gloria.

SEGUNDA JORNADA. 17 DE DICIEMBRE

Esta es la segunda jornada, y es la ciudad de Naín, donde resucitó el Niño Dios al hijo de la viuda, en su crecida edad. Contempla en esta jornada los trabajos de Nuestra Reina y Señora experimentando las lluvias del cielo, los aires fríos, las penalidades del camino, a su santo esposo caminando a pie, y apartando el jumento de las veredas ásperas, limpiando los caminos pedregosos, cansado, hasta llegar a la ciudad. Donde puedes considerar en este Patriarca Santo, la vergüenza que pasaría en las puertas de los mesones, buscando posada para su fatigada esposa, las palabras ásperas y desabridas con que le despedían los mesoneros como gente interesada, el desconsuelo con que se quedaría en el rincón del portal, aumentando la pena de ambos esposos, el ver a Dios a las puertas de un mesón, sin dar entrada a la misma luz: y mira tú cuántas veces has hecho la mismo, despidiendo a Dios de tu corazón con el pecado, por tener tu alma hecha un mesón público de los demonios. Abre en este día las puertas de tu corazón, y oye qué te dice el vientre de su madre: mira, alma mía, en cuya busca vengo para llevarte a mi gloria, que estoy llamando a las puertas de tu corazón, ábreme que no tengo dónde reclinar la cabeza.

TERCERA JORNADA. 18 DE DICIEMBRE

La tercera jornada de nuestra purísima Reina, desde la ciudad de Naín hasta los campos de Samaria, donde le salieron al Niño Dios en su crecida edad, aquellos diez leprosos. Considera, como siendo mucha la gente que cruzaba aquel camino, para cumplir con el edicto del César, al ver a nuestros sagrados peregrinos en tan suma pobreza, unos los atropellaban, otros los apartaban como a gente humilde y despreciable, y de esta suerte, míralos llegar a los campos de Samaria, y sin tener dónde alojarse, y qué sentiría el Santo Patriarca alojándose en aquel despoblado campo, todo sembrado de nieve, sin poder aliviar la pena que padecería con los aires fríos la más tierna y delicada niña, y qué padecería el Divino Niño en sus entrañas, cuando vio así tratada a su Santísima Madre; y mira cuántas veces atropellas al Niño Dios traspasando su Santa Ley, apartándole de tu corazón y de tu alma, por hacer tu gusto y voluntad; y procura en esta posada salir al encuentro del Divino Niño, para que te sane como a los leprosos manifestándole tus llagas, pues no viene a otra cosa que a curar la lepra de todo el linaje humano.

CUARTA JORNADA. 19 DE DICIEMBRE

Esta es la cuarta jornada, y el pozo de Siquén, donde se contemplan los nuevos trabajos de nuestra Reina y Señora caminando unos ratos a pie y otros en el jumentillo y el Santo José tirando de las bestiezuela, los pies descalzos y ampollados; donde habiendo llegado puedes considerar este día cómo teniendo a la vista aquella fuente de agua nuestra soberana Reina, viendo que se acercaba su dichoso parto, la devoción con que desenvolviendo el fardito del ajuar del Divino Niño, hincada de rodillas, lava la camisita y los pañitos en que había de envolver aquel rico tesoro de los cielos. Mira y contempla aquel fuego de amor en que se abrazaba su corazón, con los deseos de ver entre sus brazos a aquel Verbo hecho carne, para nuestro remedio.

QUINTA JORNADA. 20 DE DICIEMBRE

Camina, alma mía, en compañía de nuestros sagrados peregrinos sin perderlos de vista, y contempla en esta quinta jornada qué hizo nuestra purísima Reina desde el pozo de Siquén hasta el llamado Necmas; contempla lo que dice la venerable Madre, María de Jesús de Ágreda; que muchas veces se hospedaba la Santísima Virgen entre los corrales de la ovejas, porque no le daban otro mejor lugar los hombres; pues considera este día que, no hallando en este corto lugar posada, se retira a la montaña, entrando por las puestas de la cabaña, se elevan alegres los corderillos y las ovejas, y con sus balidos le ofrecen aquel humilde lugar, retirándose, como dice la venerable Madre, a un rincón, reconociendo a su Señor y Creador. Considera, pues, la humildad de la Santísima Virgen y Reina de los ángeles, mírala apearse del jumentillo, acogerse entre los espinos; y contempla cuáles serían los pensamientos de aquel divino Pastor en las entrañas de su Madre, que vino a buscar la perdida oveja, qué lágrimas derramaría por las veces que se le había de tener entre las espinas de los pecados.

SEXTA JORNADA. 21 DE DICIEMBRE

Contempla la sexta jornada que hicieron estos príncipes soberanos hasta llegar al lugar donde perdieron al Divino Niño Jesús, a los doce años de su edad, donde podrás considerar los trabajos que padecería esta tierna y delicada niña en aquella doblada tierra, ya subiendo los montes altos, cubiertos de nieve, ya pasando la serranía, hasta llegar a aquel despoblado sitio, donde viéndole el Santo Patriarca atormentada por las inclemencias del tiempo, le rogó timase algún descanso y refresco para proseguir su jornada, y mientras el santo esposo buscaba alguna sombra para aquella, que a todos hace sombra con su intercesión, contempla el dolor que padecería el Niño Dios en sus entrañas, teniendo muy presente la que había de padecer su santísima Madre, perdiéndolo en aquel sitio, y el poco sentimiento que habían de tener los hombres perdiendo a Dios, su amistad, gracia y amor.

SÉPTIMA JORNADA. 22 DE DICIEMBRE

Esta es la séptima jornada y es la ciudad santa de Jerusalén, donde se contempla la inmensidad de penas que padecería nuestra Reina y Señora, cuando pasando por aquellas calles contemplaba, como quien sabía lo mucho que en aquella ingrata ciudad había de padecer su Divino Jesús, las penosas jornadas que había de hacer de Tribunal en Tribunal, y en las posadas tan malas que había de hallar, y en aquellos Pretorios y Tribunales, consideración que le sacaba las lágrimas a los ojos. Contempla el tormento que el Niño Dios padecería en sus entrañas; allí, diría, me darán la bofetada, y en aquella casa abrirán un calabozo para ponerme aprisionado; en aquel palacio se abrirán las puertas para atormentarme con más de cinco mil azotes; y en aquel Tribunal me tratarán como a loco simple. Con esta consideración llegaría al Monte Calvario.

OCTAVA JORNADA. 23 DE DICIEMBRE

Contempla la octava jornada desde Jerusalén hasta llegar a Belén, donde habiendo llegado nuestros peregrinos sagrados a las cuatro de la tarde, cuando pensaba el Santo Patriarca hallar segura posada para la Madre de Dios, entre sus deudos, parientes y conocidos, poniendo fin y término a sus trabajos; entonces se le multiplicaron las penas, porque habiendo cumplido con el edicto del César, llegaron a las puertas de los parientes a buscar posada y todos les dieron con ella en la cara. Considera el sentimiento grande que padecería su atribulado corazón en aquellas calles buscando en las puertas de los mesones un portal o pajar para la Emperatriz de los cielos. La mortificación que padecería con las palabras ásperas y desabridas con que los despedían, tratando al santo esposo de ocioso y vagabundo, al verla con tanta humildad y pobreza: ¡Qué lágrimas no derramarían sus ojos! Y más cuando habiendo entrado la noche y desgajándose la niebla, corriendo los aires fríos y no teniendo donde volver los ojos, miraba a su santísima esposa desamparada y llorosa con el desprecio de los hombres. Considera también, qué sentiría el Divino Niño al ver a su Madre, traspasada con tan sangriento cuchillo de dolor, ¡qué lágrimas derramaría en sus entrañas, al ver sus amorosos llamamientos despreciados! La sordera voluntaria de los hombres, el recibimiento que le hizo el mundo. Y después de haber trasegado todos los mesones y casas de los poderosos sin hallar un portal para su descanso; míralos salir a las nieve de la noche, tristes, llorosos, afligidos y desamparados, a buscar entre los irracionales la piedad que los hombres les negaron. ¿Qué haces, alma mía, que no se abren las puertas de tu corazón de dolor, para dar posada a la Santísima Virgen María y el Niño Dios? Procura salirles al encuentro y llevar al Divino Niño a tu alma, recibiéndole sacramentado este día, para que al fin de tu jornada te abra las puertas de su gloria.

NOVENA JORNADA. 24 DE DICIEMBRE

Hemos llegado, alma mía, a la última posada y palacio que le previno el Eterno Padre a su Unigénito Hijo para su nacimiento y es una humilde cueva y pesebre de animales, donde puedes considerar, cómo habiendo llegado los peregrinos sagrados dan gracias al Eterno Padre, por aquel humilde y despreciado hospicio; después lo barren y lo asean, y a su imitación los ángeles que de guardia asistían a nuestra Reina y Señora; mira y contempla cómo el santo esposo desdoblaba el fardo, y de la humilde ropa forma el pesebre que sirvió de lecho al parto de la Reina Madre, una cama para su descaso y, habiendo hecho lumbre con los instrumentos que llevaba, se retira a un rincón del portal, y llegando la medianoche sintiendo nuestra gran Reina y Señora se llegaba la hora de su dichoso parto, hincada de rodillas, puestas las manos en el puestas la manos en el pecho, los ojos levantados al cielo, elevadas las potencias y sentidos y toda divinizada, dio al mundo Unigénito del Eterno Padre y suyo, Cristo Jesús, Dios y hombre verdadero, a quien en brazos de San Miguel Arcángel adoró, y recibiéndolo con profunda humildad y reverencia en sus santísimos brazos, le adoraron los santos ángeles (como en el altar sagrado) como a su verdadero Dios, Señor y Creador. Contempla el gozo del Señor San José cuando despertando de aquel dulce sueño (en el que estaba mirando tan soberano misterio) vio en brazos de la Aurora al divino sol de justicia desterrando las sombras de la noche, con su inaccesible luz, alegrando al mundo con su venida; y aquella humilde cueva hecha un abreviado cielo, y viéndole tiritar de frío y hacer pucheros a su Santísima Madre, quien le envuelve en aquellos humildes pañales, le abriga entre sus pechos y le regala con su dulce néctar, y le pone entre la paja y el heno, donde le adoran los animales como a su Hacedor y Señor. Y con la noticia que tuvieron los pastores por un ángel, con júbilo y alegría, vienen en busca de luz, entran en la cueva, y dando el parabién a la Santísima Madre, reciben al Niño en los brazos con singular regocijo y alegría de ver a Dios hecho niño en un establo, ceñidos los brazos, envuelto en mantillas, y al León de Judá hecho cordero hilde en una cueva.