El Domingo de Resurrección cambian los colores de los balcones de nuestros hermanos, del negro luto del Viernes Santo al rojo y blanco que llena de júbilo y algarabía nuestros corazones ante una festividad tan importante.
En Santiago, en la Plaza, desde muy temprano, iniciamos nuestros festejos con el tradicional bando musical desde las 5:30 horas. La Banda de Cornetas y Tambores ‘Nuestro Padre Jesús de los Remedios’, con la presencia de un elevado número de antiguos componentes que se sumaron a tan esperada cita, recorrió las calles de Castilleja con sus inconfundibles sones.
A las 7 de la mañana dio comienzo la Función de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo en el templo santiaguista de la villa, oficiada por N.H. el Rvdo. P. D. Florentino Córcoles Calero, párroco y director espiritual de nuestra corporación. La nota musical de la Eucaristía corrió a cargo del Coro Litúrgico de nuestra Hermandad. Tras la homilía, nuestro párroco bendijo uno de los más destacados estrenos de nuestra Hermandad en los últimos años, como es el simpecado conmemorativo de la Coronación Canónica, el cual se encontraba dispuesto en el camarín del retablo mayor de nuestro templo. Esta pieza, bordada en oro sobre terciopelo burdeos, ha sido donada por los herederos y cónyuges de D. Manuel Rodríguez Rodríguez y Dña. María José Rodríguez Camacho (Venta de Guía), siendo ejecutada por N.H.D. María Jesús Rodríguez Vera siguiendo un diseño de N.H.D. José Manuel Azuaga Polo; mientras que el asta ha sido realizada por Orfebrería Andaluza. La pintura que lo preside, ejecutada y donada por Francisco José Reyes Villadiego, ya sirvió de portada al boletín extraordinario de la Coronación Canónica el pasado año 2016.
Una vez finalizada la misa y con el acompañamiento musical de nuestra banda de cornetas y tambores y del coro litúrgico que dirige N.H.D. Víctor López López, se celebró la procesión con S.D.M. bajo palio por la plaza de Santiago. Se realizaron algunas de las tradicionales paradas o posas con el Santísimo en los altares efímeros instalados al efecto a lo largo del itinerario. Finalizada la procesión, se bendijo a los allí presentes y se reservó el Santísimo en el Sagrario.
A las 10:00 horas, salía del templo parroquial el nuevo simpecado con la imagen de Nuestra Señora de la Soledad entre el repique de campanas y el aplauso y los vítores de los allí presentes, siendo colocado en la carreta, la cual iba magníficamente exornada con un compendio de hermosas flores, dando comienzo así nuestra popular Vuelta, fiesta declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía (1999). Tras el Simpecado, la banda de la Soledad de Cantillana interpretó un sinfín de alegres composiciones y marchas dedicadas a nuestra Titular.
La Vuelta discurrió con normalidad y fue seguida por un gran gentío durante el recorrido, destacando la esquina de la calle Real con Manuel García Junco, cuando a las doce del mediodía, se rezó el Regina Coeli y se le interpretó la marcha ‘Soledad, Rosa de Castilleja’. Asimismo, se le tributó al Simpecado una enorme petalada y miles de papelillos ‘coloraos’ que tiñeron el cielo y el suelo de nuestro color característico.
A las 13:00 horas y ante el fervor de la multitud congregada, el simpecado de Nuestra Señora de la Soledad hizo su entrada en el templo parroquial matriz entre numerosos vítores y el repique de campanas, destacando el gesto de numerosos niños que fueron aupados por sus familiares para besar esta nueva insignia.
En la tarde, después de haber vivido una gloriosa Vuelta, de nuevo marcando las 20:00 horas el reloj de la torre parroquial, comenzó la procesión de gloria de Nuestra Señora de la Soledad, ya desprendida de sus ropajes de luto, con sus atributos propios de esta alegre jornada. El acompañamiento musical fue de nuevo llevado a cabo por la formación nazarena de Santa Ana. El cortejo estuvo formado por la cruz sacramental y dos ciriales, el nuevo simpecado de la Coronación, estandarte y dos varas, presidencia y cuerpo de acólitos ante las andas procesionales. El exorno floral estuvo compuesto a base de liliums, rosas, gladiolos y alelíes.
La Virgen lucía sus mejores galas de Resurrección, con la saya de la Coronación, su manto rojo bordado y sus atributos de orfebrería propios de la jornada (media luna, ráfagas, cetro y corona de plata). Muchas joyas sobre su pecho bordado, donadas por la Coronación, adornaban y enriquecían el atavío de la Señora. A los pies de la peana destacaban los restaurados arcángeles.
Tras realizar el recorrido acostumbrado y poniendo el tradicional broche de oro a las celebraciones de Semana Santa, nuestra Señora de la Soledad entró en la parroquial santiaguista poco antes de las 12 de la noche y una vez dentro y con el repique de campanas no se posaron sus andas hasta que no concluyó la interpretación de la marcha ‘Encarnación Coronada’, ante el delirio de sus hermanos.

