El cuarto fin de semana de Cuaresma, como ya es tradicional, tiene lugar la exaltación decana de la Semana Santa de Castilleja de la Cuesta, enmarcada en el fin de semana del Besamanos a Nuestra Señora de la Soledad y como antesala de la Solemne Función Principal de Instituto que esta Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad celebra cada año.
El pasado sábado, 29 de marzo, N.H.D. Miguel Pérez Miguez fue el encargado de pregonar a nuestra Hermandad en su trigésimo sexta edición.
El acto fue presentado por N.H.D. Francisco Chaves Rodríguez, siendo presentado el pregonero a su vez por N.H.D. José Negrón Tovar. Ambos comparten grandes amistades con Miguel y supieron plasmarlo en sus textos, como preludio de lo que iba a suceder.
La Banda de Cornetas y Tambores ‘Santísimo Cristo de los Remedios’ fue la encargada del ámbito musical, interpretando las marchas ‘Consolación y Lágrimas’, ‘Amor de Madre’, ‘La pasión’ y ‘Nuestro Padre Jesús de los Remedios’.
Asimismo, N.H.D. Leopoldo Chaves Rodríguez nos deleitó con una emotiva saeta antes de empezar el pregón y también pudimos escuchar una intervención musical con violín en pleno acto, mientras se hilaban versos al son de la música.
El principio, dedicado al Santísimo Cristo de los Remedios, erizó la piel de los presentes desde el primer instante, pues los placeños nos vimos reflejados en sus palabras. Narró cómo todos entramos en la parroquia y buscamos a nuestra izquierda para encontrar ahí nuestro consuelo, el apoyo necesario, y como Él es nuestro remedio, acompañado en todo momento de un mensaje catequético.
Que si visitas la parroquia un día cualquiera
al entrar tu mirada siempre va directa a Ella,
pero si te paras un momento y giras la cabeza a la izquierda
en una capilla de amor, tu Remedio, ahí te espera.
La emoción en las palabras por parte de nuestro exaltador no cesó, y dedicó las siguientes estrofas a la Hermandad de La Plaza, a todos y cada uno de sus hermanos y colectivos, haciendo una comparativa de todas esas personas con un bello jardín, donde todos los que lo conforman, son hermosas flores que dan sus mejores olores, aquellas que se desviven en el día a día con trabajos encomiables.
Que ni el parque de María Luisa,
ni los jardines de la Alambra,
ni el de Murillo, Delicias,
Versalles o el Alcázar,
dan las flores, la flores que da La Plaza.
Lo que aquí nace lo riega
el amor, la pasión, la locura de una cara
una cruz teñida en rojo
y un remedio en cuerpo y alma.
A continuación, un recorrido por el calendario placeño, desde la Epifanía o la Candelaria, llegando a la Cuaresma y la conmoción que esos días nos traen, descontando las jornadas para el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección. No dejó tampoco atrás la Coronación Canónica, la Gran Velada de Santiago y así llegaría al final del año, con las Jornaditas.
Tras ese ‘Bendito Itinerario’, era el turno de relatar el Viernes Santo, de la mano del Señor y de la Virgen, describiendo el minuto a minuto desde que la cofradía sale a la calle hasta que todo marchita al volver a esa plaza oscura.
Sube la calle Convento
que una plaza a oscura espera
y un sepulcro de ladrillos visto
con una torre que al cielo llega.
En un lado Santiago
en el otro quien te pariera,
todo empieza y todo acaba
un viernes de primavera.
Un palio de terciopelo
manto y corona de reina
la Señora del mundo,
dueña del cielo y tierra,
madre Virgen de la Plaza,
mi faro, mi guía, mi bandera.
Llegaba el tramo final del pregón, en la que dedicó una entrañable parte a la Virgen de la Soledad y explicó cómo su madre le había inculcado ese amor desmesurado que estaba presente en su casa en el día a día, para seguir con un mensaje a sus hijos, demostrándoles su amor y el deseo de que siempre sean buenos cristianos.
El final, como no podía ser de otra manera, fue el lema de los placeños, que hizo el estallido de todos los presentes en aplausos al pronunciar el pregonero: «¡Qué grande es ser de La Plaza!».
Desde aquí agradecemos a todos los que, un año más, lo hicieron posible y por supuesto a N.H.D. Miguel Pérez Míguez por un precioso pregón que, sin duda, nos hará más corta la espera si cabe.

