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El mes de julio se asocia indudablemente en nuestra Hermandad a las tradicionales Fiestas Patronales en honor a Santiago Apóstol, patrón de Castilleja de la Cuesta desde 1370.

Sin embargo, buceando en nuestro pasado común podemos encontrar que este mes guarda también una enorme importancia en la historia de la corporación santiaguista debido a unos hechos ocurridos en 1784 y que supusieron un indudable punto de inflexión en el relato de lo ocurrido a lo largo de los siglos en el templo parroquial de Santiago.

Así nos lo hacen notar las investigaciones del historiador y archivero de nuestra Hermandad Juan Prieto Gordillo, que ha descrito con gran detalle la trayectoria de la Hermandad Sacramental y Santa Vera Cruz, una de las corporaciones históricas que conforman nuestra actual hermandad.

Hay constancia documental, al menos desde 1677, de la participación de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad en los desfiles procesionales de la Vera Cruz de Santiago en la noche del Jueves Santo, haciendo lo propio en la tarde del Viernes Santo con la Hermandad de la Soledad y Santo Entierro. Ya en el siglo XVIII (a partir de 1720) esto se convertirá en tónica habitual, lo que generó algunos pleitos entre ambas hermandades radicadas en el templo santiaguista. De hecho, llegó a estar en litigio la misma propiedad de la imagen de María Santísima, que ambas corporaciones se atribuían como propia.

Tras unos acuerdos alcanzados en 1774 a instancia del Abad de Olivares, a la sazón máxima autoridad eclesiástica para el templo santiaguista, sólo diez años más tarde volvieron los conflictos entre ambas hermandades. Comenzaron con el supuesto uso por parte de los hermanos de la Vera Cruz de Santiago (ya en franca decadencia) de cera e insignias de la Hermandad de la Soledad, continuando cuando los cruceros hicieron procesionar junto al Santísimo, y sin la previa autorización del párroco, la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, hecho que con anterioridad nunca se había producido.

Todo ello motivó una queja formal de los miembros de la Junta de la Hermandad de la Soledad al Abad de Olivares, Bernardo Antonio Poblaciones Dávalos. Tras las exposiciones de una y otra parte, el Abad resolvió el 27 de julio de 1784 (hace ahora 234 años), que "en lo sucesivo se auxilien una hermandad a otra, con un espíritu de verdadera devoción, según corresponde al Santo fin para el que se establecieron, que es el mayor servicio de Dios, el de su Santísima Madre Nuestra Señora, mayor culto y veneración de los santos, apartándose y desentendiéndose de todos los demás objetos que no digan a esta amable y cristiana unión, para que con este medio mejor se dispongan a conseguir el fin para que fueron criados, amando a Dios… continuando en lo sucesivo en el modo cristiano que se les aconseja y dando muestras de que no se manejan en el modo que va expresado se procederá no solo a la extinción de dichas Hermandades enteramente, sino a castigarlos con seriedad; previniéndose al cura párroco de la Villa que según el tenor de esta providencia procure contribuir a su efecto, procurando que lo entiendan y observen unas y otras partes…".

Se ponía así punto y final a los pleitos y disputas que ambas corporaciones habían venido manteniendo durante años. Tan efectivo debió de resultar el mandato del Abad de Olivares que apenas siete años más tarde, en 1791, comenzaba a darse forma a las escrituras que culminarían con la fusión de ambas corporaciones “para el resto de sus días” en 1795, dando lugar con ello a la actual Hermandad Sacramental de Santiago Apóstol.