Quizás podamos reconocer que cualquiera que sea nuestra vocación concreta a la hora de vivir la fe en Jesucristo el Señor, el principal escollo es precisamente nuestra falta de confianza en Él, que se manifiesta en nuestra negativa a cargar con la cruz de cada día y en la superficialidad de nuestra ofrenda en el altar salpicada con el olvido de las cosas del prójimo.
Bien sabemos, tras el más ligero examen de conciencia, muchas de las causas de estos fallos, que suponen además una falta de testimonio ante los demás. Pero por ceñirnos a la esencial cabe resumirlas en que no acabamos de creer en la Resurrección, y así, como nos señala san Pablo, ¡vana es nuestra fe!
Porque no creer en la Resurrección es no creer en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Somos muchas veces creyentes que no conocen a Jesús y, porque no lo conocen, no lo aman; es decir: discípulos que no siguen el programa de vida que predica y practica su Maestro.
El Papa Francisco, en una de sus homilías matinales en Santa Marta, nos advierte que hoy día “encontramos a muchos cristianos sin Cristo, sin Jesús”, entre los que destacan “los que buscan sólo devociones, muchas devociones que no llevan a Jesús”.
El Papa centra la figura del creyente, del discípulo verdadero: conoce a Cristo, lo ama y vive conforme a su modelo. Y la fórmula para esta fidelidad está en nutrirse de la Palabra de Dios, en la oración y en la Eucaristía y en esforzarse en dar testimonio con la propia vida.
Buscando la cercanía de Jesús, el pasaje evangélico del camino de Emaús bien puede servir de falsilla para que nuestros pensamientos, palabras y obras no se salgan del verdadero camino. Partimos de nuestra pobreza, de nuestros méritos escasos y de nuestros fallos. Pero como en el camino de Emaús nos sentimos, por la misericordia de Dios, sus discípulos. “A dos de ellos” se apareció, según Marcos y Lucas.
Este año, basándonos en los escritos de nuestro Don Publio, queremos con la ayuda de Dios meditar nuestra condición de discípulos temerosos, a veces entristecidos, “sin inteligencia y tardos de corazón” como el propio Jesús califica nuestra debilidad, para que podamos proclamar llenos de Gracia cómo arden nuestros corazones cuando sentimos de verdad su cercanía.
La intención es enviaros mensualmente una breve consideración en esta línea, recordando sus textos. De entrada, aquí tenemos su CRISTO VIVE, con motivo de la pascua de Resurrección. ¡Merece la pena volver a meditarlo!
Un fuerte abrazo.
Ignacio Montaño Jiménez
CRISTO VIVE
Al celebrar la Resurrección del Señor, la Iglesia nos invita continuamente a la alegría por medio de su liturgia.
La resurrección de Jesucristo es el hecho central del cristianismo. El mismo Jesús aducía su resurrección como prueba, como signo de su divinidad cuando decía: "Destruid este templo y en tres días lo reedificaré" (refiriéndose a su propio cuerpo) "Esta generación pide un signo y no se le dará otro que el de Jonás, así como Jonás estuvo tres días en el vientre de la ballena, pero al tercer día resucitará". Y S. Pablo en la 1ª carta a los Corintios, (15, 14-21) pone la resurrección de Cristo como el fundamento de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestra resurrección, y fundamento de su predicación. "Este es el día en que actuó el Señor, aleluya, aleluya"; repetimos en el salmo responsorial de la misa del Domingo de Pascua. Sí, este es el día por excelencia, el día que ha hecho el Señor. Es un día "nuevo". Es el día que inaugura un mundo nuevo. Es el primer día de la creación nueva. En Cristo de alguna manera resucitamos todos...
Este es el día de la Pascua. Pascua, que significa paso: de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz, de la esclavitud a la libertad, del pecado a la gracia, de la tristeza a la alegría, del desaliento a la esperanza... Todos nosotros debemos celebrar la pascua en nuestra vida, en nuestro corazón; este año, no solo tocando las campanas de la Giralda...
Mira a ver en qué concretamente tienes que morir y a qué tienes que resucitar... en qué aspecto tienes que celebrar la pascua, el paso de... a...
Pero ante el acontecimiento de la resurrección de Cristo no todos los discípulos tuvieron las mismas actitudes. Los dos que marchaban camino de Emaús, van tristes, desorientados y desesperanzados, a pesar de que, como ellos mismo reconocen, han venido unas mujeres anunciando la resurrección. Cristo les sales al paso y no le reconocen. La desorientación les venía principalmente porque ellos no entendían que el triunfo de Jesús vendría por el camino de la muerte, sino "de otra manera"...Lo mismo que nos pasa a nosotros con mucha frecuencia. Fue necesaria la explicación de Cristo resucitado para hacerles ver que convenía que Cristo padeciera para...
Hoy también hay muchos cristianos que aun habiendo "oído" que Cristo resucitó, sin embargo, en su vida, la noticia no tiene influencia ninguna. Caminan por la vida tristes y desorientados, sin alegría y sin esperanza... En la práctica como si todo hubiese terminado en la muerte; como si Cristo no hubiese resucitado.
En cambio, otros discípulos, como la Magdalena, reciben la noticia con gran alegría y gozo, recogen el encargo de anunciárselo a los demás: "Id a decir a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos". Y lo hacen con prontitud, "con una alegría inmensa fueron corriendo a dar la noticia a los discípulos" (Mateo 28, 7-8).
Leyendo los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles vemos clarísimamente como para aquella comunidad primitiva, la gran noticia de Cristo muerto y resucitado, es el eje de toda su existencia y de toda su vida. El encuentro con Cristo Resucitado les cambió la vida. Esta es la gran noticia para un mundo desesperanzado: CRISTO VIVE.
Esto es lo que vive aquella comunidad con gran alegría y gran gozo, y esto es lo que anuncian los apóstoles una y otra vez con una fuerza y una valentía incontenibles.
¿Entre qué discípulos te encuentras tú? ¿Entre los primeros o los segundos?
¿QUÉ ESTÁ SIGNIFICANDO LA RESURRECCIÓN DE CRISTO PARA TI, EN TU VIDA?
Si no has muerto a nada, todavía no has resucitado, no has celebrado la Pascua, aunque hayas asistido a los oficios del Sábado Santo. Todavía tienes tiempo... Concreta tu muerte y Resurrección en la vida concreta de cada día.
¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!
Te desea
PUBLIO ESCUDERO.
