A sólo unos días del XXIX Pregón de nuestra Hermandad, que tendrá lugar este domingo día 5 a las 13.00 horas en el templo santiaguista, hablamos con quien será el encargado de pronunciarlo, N.H.D. Víctor López López.
- ¿Cómo se siente desde que fue nombrado pregonero de la Hermandad de este año 2017?
Por un lado, muy orgulloso de subir al atril del «pregón grande»; primero, porque ello ya en sí es motivo de tal sentimiento; segundo, porque seré la persona más joven hasta la fecha que así lo haga, mucho tiene que confiar en mí quien me ha designado; y tercero, porque supone un paso más allá en mi labor para con nuestra hermandad. Pero, por otro lado, todo lo anterior me hace sentir el peso de lo que de mí se espera.
- El ser pregonero no es algo nuevo para usted, pues ya pronunció el Pregón Joven del año 2010. Siete años después, ¿cómo cree que vivirá de nuevo una jornada tan destacada?
¡Ay, los nervios! Pues… ahora que ha pasado el tiempo y que sería natural que la experiencia, la edad y el talante me dieran el temple necesario, espero controlarlos y así disfrutar personalmente más que aquella vez, lo que creo que precisamente repercutirá del mismo modo en todos aquellos que deseen escuchar mis versos en tan especial ocasión.
- Háblenos un poco de cómo llega a nuestra Hermandad y su vinculación actual a la misma…
Si mi papel más significativo es el de la música, lo cierto es que también llegué a la Hermandad gracias a ella. Contaba con diez años de edad y en el primer ensayo de la banda de música de Villalba del Alcor, en la que acaba de ingresar, la primera marcha que toqué fue Soledad, rosa de Castilleja. Vine a Castilleja con dicha formación musical al concierto del Besamanos de Cuaresma y mi silla fue exactamente la que se encontraba junto a la Santísima Virgen de la Soledad. Cuando besé su mano, me enganché con la corona de espinas y una señora mayor me dijo: «Ea, Ella te quiere aquí». Y así fue: a través de la música hice grandes amigos placeños que me fueron integrando en la Hermandad, ingresé como hermano, acolité en los cultos, hice Estación de Penitencia, etc. Desde hace cinco años, soy organista y director del Coro Litúrgico, he sido miembro de dos de las comisiones creadas para la Coronación Canónica de Ntra. Sra. de la Soledad y ocupo el cargo de diputado de Cultos y formación en la Junta de Gobierno.
- ¿De quién se acordará cuando suba al atril?
De aquel primer grupo de placeños que me acercaron al seno de la Hermandad y que hoy considero amigos importantes. De las familias que me han acogido como un miembro más y que esperan mi presencia irrenunciable en sus casas en los momentos más fraternos. De todas aquellas mujeres mayores que esperan al pie de la escalera de la tribuna cada día de cultos para regalarme sus halagos, besos y lágrimas. De todas mis cantoras y hasta del órgano. Pero, me acordaré de Cristo y de su Madre; y espero que algún día Ellos se acuerden de mí.
- En la corona poética que los pregoneros jóvenes de nuestra Hermandad dedicaron a Nuestra Señora de la Soledad el pasado 1 de mayo, puso usted en pie a todos los presentes, ¿le impresionó la reacción de los hermanos?
Muchísimo, tanto que pensé en volver a mi asiento a pesar de no haber acabado mi intervención. Ahora la impresión es mayor; pues con aquello senté un precedente para conmigo mismo y sé lo que se espera de mí. Guardaré siempre ese momento como uno de los más gratificantes de toda mi vida; no por el reconocimiento o el halago, sino porque significó para mí que los hermanos me hubiesen aceptado como uno más.
- Es una pregunta obligada, ¿será su estilo en este pregón diferente al de 2010? ¿Es más de prosa o de verso?
Aquella vez los sentimientos estaban a flor de piel y tenía una imagen idealizada de la hermandad, como un amor de la adolescencia; ahora conozco todos los entresijos de su día a día, los momentos buenos y bellos y los que no lo son tanto. Yo mismo soy diferente al muchachillo de 2010, tanto en lo personal-emocional como en mi vida en la hermandad, por lo que supongo que ese tamiz hará que lo que escriba sea necesariamente distinto. Y en cuanto a prosa o verso, creo que manda el sentido de la proporción y el equilibrio. Tampoco me gustaría caer ni en la prosa de relleno ni en el verso fácil y vacío.
- Su vinculación con el apartado musical de nuestra corporación, especialmente con el Coro Litúrgico, es evidente. Sin desvelar nada, ¿tendrá reservado un hueco destacado para la música en su pregón?
Evidentemente, desde el principio; de hecho, desde antes de abrir las pastas, así será: me presenta alguien cuyo papel en el coro es importantísimo. Incluso he bromeado algunas veces con la locura de pregonar desde la tribuna.
- Cuéntenos cómo está viviendo este tiempo previo a su pregón…
Quizá me haya sorprendido a mí mismo y a cuantos me han ido preguntando por el asunto. Alguien me dijo: «Tu pregón será el que nos haga revivir las mieles de la Coronación»; y mientras tanto, todo lo que tenía escrito era para el Señor.
- Hablemos de pregones pasados. Ya vamos por la XXIX edición, ¿se queda con alguno en especial? ¿Cuál o cuáles han sido destacados para usted?
Siento si no soy políticamente correcto; pero Carmen Tovar reunió todas, si no más, las cualidades que yo espero de un pregón. En la infancia y por mucho que uno guste de estas cosas, se carece de la formación necesaria para apreciar ciertos matices que van más allá de piropos y aplausos fáciles; mas algo tuvo Carmen en el pregón del Cincuentenario de la reorganización de la Hermandad Sacramental de Vera Cruz de Gines que consiguió atraer la atención de un niño. Y en su pregón de 2015 lo comprendí.
- Termine la frase: En mi pregón no puede faltar…
La Fe. Sin ella, la devoción es un recurso y la hermandad, fanatismo. Sin Fe, el piropo queda vacío; el aplauso es ruido. Como dije antes, no voy a ser políticamente correcto, ni quiero repetir el sota, caballo y rey, ni será un pregón de post-Coronación.
- Para concluir, dígale a los hermanos que nos están leyendo porqué deben asistir a su pregón.
Sé que estarán todos aquellos que saben que tienen que estar; porque sé que quieren estar. Ni voy a pasar lista, ni es necesario que quien falte se excuse como cuando se falta a un sepelio. Estarán el Señor y la Virgen, Santiago y mis hermanos. Vengan, si quieren venir; escuchen, si quieren escuchar; pero desde el atril no diré sólo lo que deseen oír.
