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En la tarde noche de ayer, jueves 2 de febrero, Fiesta de la Presentación de Nuestro Señor Jesucristo en el Templo, nuestra Hermandad Sacramental de Santiago Apóstol celebró en el templo parroquial santiaguista Función Solemne a su venerada y amantísima titular, Nuestra Señora de la Soledad, como lo prescriben sus Reglas.

Aunque tras la última reforma del calendario litúrgico dicha fiesta es de carácter principalmente cristológico, la tradición cristiana y católica ha observado especialmente el papel de la Santísima Virgen en aquel pasaje evangélico, siendo denominada antaño la Fiesta como de la Purificación de Santa María. Así, se la conoce comúnmente como «Candelaria» por la bendición de las candelas y la procesión de éstas que contempla la sagrada liturgia, en referencia al carácter purificador del fuego.

Además, en este año del Señor de 2017, la fiesta ha coincidido con la santa misa de hermandad que celebramos cada jueves. De este modo, la Exposición Eucarística del último jueves de mes fue atrasada una semana para coincidir con tal conmemoración para así dar mayor esplendor litúrgico a la misma.

A las 19:00 horas se exponía el Santísimo Sacramento entre rezos y cánticos eucarísticos entonados por el Coro Litúrgico y media hora después daba comienzo el rezo del Santo Rosario, al término del cual se procedió a reservar a Su Divina Majestad. Inmediatamente, se celebró la Función Solemne a Nuestra Señora de la Soledad, cuya bendita y venerada imagen portaba en sus manos al Divino Infante.

La celebración, oficiada por nuestro párroco y director espiritual, N. H. el Rvdo. Sr. D. Florentino Córcoles, se inició con el cántico basado en el Salmo 121 Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor, popular obra de M. Manzano que pretendía hacer alusión a la liturgia del día, a la acudida de la Iglesia al encuentro de Cristo. Tras la homilía, los fieles ofrecieron un pequeño papel en el que habían escrito «un obstáculo entre nosotros y Dios», en palabras del sacerdote, los cuales fueron «purificados» en el fuego que el oficiante bendijo en el dintel del templo parroquial.

Al término de la Eucaristía, los fieles prendieron sus pequeñas velas de un cirio encendido en el fuego bendito. Seguidamente, dio comienzo la procesión de las candelas, característica de la liturgia del día. Así, la cruz parroquial escoltada por ciriales encabezaba el cortejo de más de un centenar de hermanos con luminarias. Tras ellos, figuraban el estandarte, el libro de Reglas, la presidencia con varas y el simpecado de Nuestra Señora de la Soledad iluminado por dos faroles.

Junto al repique de campanas, la procesión fue acompañada por las voces del Coro Litúrgico, que entonaban cánticos alusivos a la luz de Cristo. Una vez de vuelta en la parroquia, tras haber rodeado la plaza de Santiago, la celebración concluyó con el canto del Himno a la Santísima Virgen.