
Uno de los acontecimientos más importantes en la vida reciente de la Iglesia fue la declaración del Jubileo de la Misericordia por el papa Francisco. Un Año Santo en el que el Santo Padre nos invitó a «anteponer la misericordia al juicio», ya que lo esencial de aquel providencial jubileo era pedir perdón a Dios y perdonar a los demás.
El Papa, repitiendo las palabras del Libro del Éxodo, animaba a confiar totalmente en Dios para experimentar la alegría de ser amados por este “Dios misericordioso y bondadoso, lento para enojarse y grande en el amor y en la fidelidad”.
El Jubileo, enmarcado en sus fechas de iniciación y clausura, quería ser pórtico de “una misericordia que no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre”.
Con palabras del propio Papa Francisco: “Es mi vivo deseo que el pueblo de Dios reflexione durante el Jubileo sobre obras de misericordia corporales y espirituales”. Redescubrir las obras de misericordia corporales: dar de comer al que pasa hambre, acoger al forastero, asistir a los enfermos y visitar a los presos, etc. Y ejercitar las obras de misericordia espirituales: dar consejo a quien lo necesite, consolar al afligido, corregir al que se equivoca, perdonar ofensas, rezar por los vivos y los difuntos…”.
Se iniciaba así una reflexión, sin fecha de caducidad, en la Iglesia Universal del carácter esencial del perdón.
En el pórtico de la Cuaresma del presente año, el Papa nos dice: "Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo".
La Misericordia de Dios, sin fecha de caducidad, nos pide que también nosotros perdonemos; y su Palabra nos urge y muestra la trascendencia de que tomemos la iniciativa:
"Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda." (Mt. 5, 23-24)
Por eso, un buen programa de vida será, siguiendo al Papa Francisco, a partir del compromiso de la ceniza del miércoles:
ACOGERNOS A LA MISERICORDIA DE DIOS, PEDIR PERDÓN A NUESTRO PRÓJIMO, HABLAR BIEN DE TODOS, PRACTICAR LA LIMOSNA CON EL MÁS NECESITADO, AYUNAR CON ALEGRÍA Y VIVIR LA AMISTAD DE LA ORACIÓN EN LA CERCANÍA DE NUESTRO PADRE CELESTIAL.
Ignacio Montaño Jiménez
(CUARESMA 2018)
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