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HISTORIA │PATRIMONIO │INFORMACIÓN | ||||||||||||||||||||||
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Sede Canónica Historia La iglesia parroquial de Santiago Apóstol de Castilleja de la Cuesta desde el punto de vista arquitectónico responde al estilo neo-mudéjar. Su interior está formado por tres naves estructuradas por pilares cruciformes y separadas por arcos apuntados. Posee testero plano en el que se incrusta el altar mayor bajo el que se abren dos pequeñas portadas que dan acceso a la torre y las dependencias de la sacristía; completando la cabecera se ubican dos capillas, la Sacramental cubierta por bóveda y linterna, y la del Santo Entierro del Cristo de los Remedios con bóveda vaída. A los pies del edificio, en la nave de la Epístola, se halla la capilla Bautismal, y en la del Evangelio se abre una doble portada que dan acceso a la cripta de los marqueses de Loreto y al coro respectivamente, ocupando éste, el último tramo de la nave central. Al exterior se puede contemplar una sola puerta hacia la Plaza de Santiago, reformada en más de una ocasión y la estructura dieciochesca de la torre, pues la parte almohade quedó oculta tras las obras efectuadas durante los años 1883 y 1884.
AQUÍ YACEN LOS RESTOS MORTALES DE LA EXCELENTÍSIMA SEÑORA NICOLASA DEL CAMPO MARQUESA DE LORETO. FALLECIÓ EN LA PAZ DEL SEÑOR. RECIBIÓ LOS SANTOS SACRAMENTOS EL 3 DE ABRIL DE 1892 EN ESTE PUEBLO DE CASTILLEJA DE LA CUESTA DE RESIDÍA. FUE SEÑORA DE MUCHA PIEDAD Y GRAN BIENHECHORA DE ESTE PUEBLO, A SUS EXPENSAS FUE LEVANTADA LA NUEVA PLANTA DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTIAGO. D.E.P.A. Los primeros datos que se poseen del templo parroquial de Santiago Apóstol de Castilleja de la Cuesta, se encuentran recogidos en la cláusula número 20 de la Primera Carta Puebla otorgada en el año de 1370 para la Villa, cuyos contenidos fueron renovados años después, más concretamente en el año de 1405. “CLÁUSULA 20: Otrosí, mandamosles mas en condición que la Iglesia que se ha hecho en el dicho lugar do está la torre y todas estas cosas que en el dicho privilegio se contiene, prometemos por nos e nuestros sucesores que después de Nos serán en la Orden... E si alguno o algunos contra ello fueren o pasaren e quisieren ir o pasar en cualquier manera, haya la ira de Dios y del Apóstol Santiago y nuestro Señor el Rey e Nuestro”. Se puede afirmar pues, que el origen del templo de Santiago data de finales del siglo XIV, siendo construido entre 1370 y 1400 junto a una de las numerosas torres vigías que dominaban la ciudad hispalense, pues en la mencionada Carta quedaba explícita la siguiente afirmación: “...mas en condición que la Iglesia que se ha hecho...”. Ya en el siglo XV son ofrecidos nuevos datos a cerca de la composición del templo santiaguista, más concretamente en el libro de visitas en el que la Orden de Santiago, propietaria de la localidad por aquel entonces, recogió en el año 1498. Dice así: “...de dos naves pequeñas con ciertos pilares de ladrillos, está razonablemente tejada y enmaderada, con una torre hecha como de argamasa, una campana y un esquilón y una de comulgar; tiene a la puerta un portal hecho de tapias y las partes de cubierto; junto con el Altar mayor está un Sagrario hecho de azulejos con sus puertas..., y la Pila de Bautizar; el Altar en una Capilla que está cubierta de madera y en el Arco toral está una viga atravesada de está un Crucifijo de bulto, un San Juan y Santa María la Mayor; otro estofado en la pared pintado de pincel...” . Como nota curiosa se debe reseñar que su cabecera, conforme a la liturgia católica miraba hacia el este, quedando colocado su altar mayor de actualmente se ubica el coro; esta estructura se mantuvo, con leves reformas hasta finales de la centuria Decimonónica. Debemos desplazarnos hasta el siglo XVI, para tener nuevas noticias acerca del templo, más concretamente hasta el año 1582, en el que por ciertas reformas y ampliación del edificio, sus imágenes fueron trasladadas hasta el oratorio de una hacienda vecina, propiedad de Alonso Franco. Es a partir de esos instantes cuando cambie por vez primera la estructura arquitectónica de la iglesia, pasando de las dos mencionadas naves a tener tres, hecho ocasionado por el aumento de población que se comienza a producir a raíz de mediados el Quinientos. De gran interés es la cita extraída de una obra del historiador R. Majó Framis titulada: “Vida de los navegantes y conquistadores españoles del siglo XVI”, en la que aparecen ligadas la iglesia de Santiago junto al Ilustre Hernán Cortés, fallecido en la Villa de Castilleja de la Cuesta el día 2 de diciembre de 1547: “Los aldeanos y pobre gente del lugar apenas se dan cuenta de la magnitud histórica del hombre que está muerto entre los muros de la Villa humilde. La esquila de la Iglesia, que llaman de Santiago, tañe, tañe, dolorosa. El acólito que mueve la cuerda, no da paz a la mano. Lo mismo hubiera hecho por el último y pobre labriego del lugar”. Datos aparecidos en diversas cartas de testamentos e inventarios de bienes, vendrán a corroborar que el templo de Santiago poseyó hasta finales del siglo XVII los mencionados soportes combinados de madera y mampostería, además de un pozo junto a una de sus dos portadas. Así, en una de estas fuentes documentales se cita lo siguiente: “...una sepultura que está dentro de la capilla de dicha Iglesia apegada a la pared en el lugar de solía estar un pozo que comienza desde el portal del Arco” . Respecto al número de hermandades residentes en la iglesia por aquellos años fueron tres: la de Santiago y San Sebastián, la de la Vera-Cruz y la de Nuestra Señora del Rosario, a las que se sumaría en 1567 la de la Soledad y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, y en 1583 la Sacramental, conocida también como del Dulcísimo Nombre de Jesús; como nota de interés reseñar la existencia, ya por aquel entonces y en este mismo templo, de una capilla dedicada a la Inmaculada Concepción.
Durante el último tercio del siglo XVII el edificio vería ampliada sus naves con una más, tres, número que se mantiene en la actualidad. Además de esta gran reforma, destacar por su interés las obras de reconstrucción llevadas a cabo en la sacristía, que fue reedificada de nueva planta durante los años 1678 y 1680, por el maestro albañil Dionisio Bravo, por un total de 2250 reales de vellón; en ese mismo período fue la iglesia “retejada” de nuevo. Al igual que la totalidad del edificio, el número de capillas que la parroquia de Santiago poseyó y que presenta en la actualidad, fueron variando en número desde su creación. De una inicial erigida durante la construcción del primitivo edificio a finales del siglo XIV, se tiene constancia de al menos tres de ellas durante el primer tercio del siglo XVI, para pasar a cuatro tras la construida por la Hermandad de la Soledad a mediados de la mencionada centuria; estas fueron: la Capilla Mayor, de se ubicaba el Altar Principal, propiedad de la Hermandad de la Santa Vera-Cruz, y presidido por la imagen de Nuestra Señora del Rosario. La Capilla de la Soledad, construida en la nave del Evangelio, propiedad de la Hermandad de la Soledad y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, la Capilla Bautismal, y el Retablo-capilla de la Inmaculada, en la nave de la Epístola, de la que existen datos desde al menos 1538 y que perteneció desde esos instantes a la familia “de los Cuevas”, siendo comprada en 1680, por Joseph y Fernando de las Cuevas, será en este recinto de se cree la Hermandad Sacramental en 1583. Nota común en la dilatada vida del templo de Santiago, han sido las continuas acciones artísticas y materiales, con las que se ha visto privilegiado; esculturas, pinturas, objetos de platería, campanas, le fueron convirtiendo en un referente en el interior de la Villa. A comienzos del siglo XVIII en 1713, se le realizaron nuevas obras, en esta ocasión en la capilla dedicada a la Inmaculada Concepción, en la que se emplearon materiales traídos de un derribo ocasionado en las casas de Alonso de Orta, vecino de la Villa. Durante varios siglos los patronos de dicha capilla fue la familia de “los Cuevas”. Retomando la secuencia arquitectónica y cronológica del edificio, como consecuencia del terremoto de Lisboa del día 1 de noviembre de 1755, la Iglesia de Santiago quedaría en bastante mal estado, incluso algunas de sus capillas en ruina casi total. Del informe facilitado por el señor provisor del Abad de Olivares sobre el estado lamentable en que quedó el edificio, se puede deducir que el mayor daño se produjo en una de las naves laterales: “...que la suma de la pobreza de la fábrica, Hermandades y Vecinos no pueden costearlo, y que de dilatarse, no solo se imposibilita mas, aumentarán exorbitantes gastos en la pérdida de vigas, tejas, redoblón, y la nave mayor que se halla la mayor parte sana”. A tal extremo llegó el estado del edificio, que el abad de Olivares, viendo el peligro que corrían los feligreses mandó al párroco, por aquel entonces llamado Juan Francisco Banderley, recoger el Santísimo Sacramento y que las funciones religiosas se celebrasen en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Concepción. Durante algunos años así se hizo, cuestión que propició el que muchos de los parroquianos de Santiago marchasen durante el citado periodo a localidades vecinas a escuchar las funciones religiosas. Ante esta coyuntura, y ante los problemas económicos que esto le propiciaba, el citado párroco optó por dejar el uso de “Pila y Sepultura” en la iglesia de Santiago: “...dejo el uso de Pila y Sepultura, es con tanta indecencia, que lo primero se hace precipitadamente y por huir del riesgo, y lo segundo con nota y reparo de las gentes; pues llegando a la vista de la iglesia el cuerpo, con el Acompañamiento y Duelo, lo entran entre cuatro, quedándose los demás en la Plaza, lo entierran, se le dice un responso, y se van a celebrar los oficios a la de la Concepción...”.. Algunos años después, hacia 1765 aproximadamente, y tras la realización de las correspondientes obras, quedaron restablecidas las funciones eclesiásticas en Santiago para las que se realizaron nuevas piezas de platería. De nuevo en el año de 1777 se realizaron diversas obras: se reforzó la llamada puerta de San Cristóbal de estilo gótico, situada bajo el coro, y se colocaron nuevas vigas de madera en las naves de las Capillas de Nuestra Señora de la Soledad y en la de Nuestra Señora del Rosario, ya que estas se encontraban apolilladas, de ambas obras se hicieron cargo sus correspondientes patronos. Dos años después, en 1779 la iglesia de Santiago se vería nuevamente obligada a cerrar sus puertas durante tres años ante el estado de ruina que presentaba. En esta ocasión la Imagen de Nuestra Señora de la Soledad, titular de la Hermandad del Santo Entierro, fue trasladada al Oratorio de la hacienda titulada como San Diego la Grande, propiedad de Diego del Campo, marqués de Loreto; el importe de las obras alcanzó la suma de 71.444 reales de vellón, siendo ejecutadas por el maestro de albañilería de Sevilla José Portillo y costeadas por algunos vecinos de la Villa, en especial Juan Caro Tovar, a los que se sumó el abad de Olivares con la entrega de 300 reales. Durante el siglo XIX, varias fueron las intervenciones que sufrió la parroquia de Santiago. De hecho, durante los primeros años de 1806, ante el estado ruinosos que vuelve a presentar el edificio, y ante la cortedad de diezmos eclesiásticos para llevar a cabo su restauración, es solicitada una ayuda económica a la Excelentísima Marquesa de Hariza y Estepa, como “Señora Solariega de la Villa”, el día 27 de enero del citado año. Tras su aportación, rápidamente fueron acometidas las obras por mediación de los siguientes maestros: Manuel Garrido y Prudencio Sorrosal, como aparejadores, el primero de albañilería y el segundo de carpintería, y José Echamoros, Arquitecto Titular de la ciudad de Sevilla. El total de las reformas efectuadas, apuntalamiento de los muros y reforzamiento de las cubiertas y columnas, alcanzaron la suma de 3.644 reales de vellón y 25 maravedíes. Año después, y tras haber sido trasladada la parroquia en 1812 al convento de San Diego de la O para acometerse obras de restauración, los trabajos llevados a cabo fueron los siguientes: la reedificación de nuevo la Capilla Bautismal, ante el estado de ruina que presentaba, por el maestro albañil Miguel de Toro, el enlosado de todo el edificio y la restauración del altar mayor. No fue hasta el año de 1816 cuando el edificio quedó totalmente reparado, tal y como se desprende de algunas fuentes documentales en la que se nos cita el traslado de la pila bautismal desde el mencionado convento al templo parroquial en 1815, y los retablos en 1816. La última gran reforma a que fue sometida la iglesia matriz de Santiago, levantándose desde la planta, fue la realizada a finales del siglo XIX, quedando catalogada arquitectónicamente a raíz de entonces como edificio neo-mudéjar. La totalidad de las obras fueron costeadas por doña Nicolasa del Campo, marquesa de Loreto, en memoria de su esposo Pablo Capetillo. Comenzada el día 26 de junio de 1883 quedó finalizada el 25 de julio de 1884, festividad de Santiago Apóstol. Ese dato significativo está recogido en una lápida de mármol, situada en el interior del templo en la nave de la epístola, junto a la capilla Sacramental:
B. S. D. Esta iglesia, derribada por su estado ruinoso, fue reedificada con mayor amplitud a expensas de la Sra. Doña Nicolasa del Campo Marquesa del Loreto. En memoria de su difunto esposo, Sñor. D. Pablo Capetillo. La capilla del sagrario es de su propiedad por haberla erigido en terreno propio. La obra principió el día 26 de junio de 1883 y terminó el 25 de julio de 1884 en que se inauguró solemnemente el culto divino de este bendito templo. A.M.D.G. En el siglo XX, más concretamente en el año de 1932, será cuando se comiencen a alicatar las naves laterales, con una magnífica iconografía neogótica formada por roleos y cruces de Santiago enmarcadas, diseñadas por el maestro pintor de la localidad, Juan Marco Oliver; dichas piezas cerámicas se realizaron en la fábrica trianera de Ramos Rejano, sita en la calle San Jacinto. Algunos años después, una vez finalizado el conflicto civil, se concluiría labor cerámica iniciándose la decoración pictórica de los muros, ocultos en la actualidad, y la cubierta; ambos trabajos fueron realizados también por Oliver, siendo ayudado en esta ocasión por uno de sus discípulos Alfonso Cháves. Cuatro son los tramos decorados, el presbiterio, los dos centrales y el que antecede al coro. Todos éstos, incluidos el intradós de los arcos, tanto formeros como torales, están cubiertos por una desbordante iconografía Bíblica y Pasionaria adornada a su vez por ricos motivos vegetales. Para acometer la decoración pictórica de la nave central, su diseñador Juan Oliver, dispuso toda la bóveda con sus nervaduras goticistas, separándolas entre sí con diversos estilos de pinturas en las que mezcló la gótica en las columnas, leyendas en latín en las molduras, lo renacentista en los casetones y óvalos; lo barroco en guirnaldas y cenefas y la gran profusión de ángeles de pintura flamenca. También se inspiró en los frescos de Cimabué y Giotto de la Basílica de Asís. Años más tarde, en 1973 se recibía un informe en la Hermandad sobre el arreglo de la fachada de la iglesia, pretendiéndose que su reforma se realizase de igual forma que la que se había efectuado años antes en la parroquia trianera de Santa Ana, cuestión que fue rechazada por la problemática de la disparidad de sus ladrillos, optando por igualarlos y dejar toda su estructura exterior a “ladrillos vistos”. Finalmente, en 1992, nuevas obras de restauración y mejoras se efectuaron en el interior del edificio. En esta ocasión los trabajos consistieron en la sustitución de las vetustas losas, por unas de mármol blanco y gris, así como la reestructuración del presbiterio, al que se le suprimieron los púlpitos y las barandillas que lo cercaban. Al igual que la gran reforma anterior, este hecho quedó enmarcado en otra lápida colocada en esta ocasión en la nave del evangelio. Uno de los últimos cambios realizados en el edificio fue la sustitución de las vetustas puertas de madera por otras nuevas de hierro forjado, ejecutadas en 1996 por Rafael Luque Márquez, y la restauración de la torre a finales del año 1994. Respecto a la primera de las realizaciones, en la parte superior de las hojas de entrada se hallan dos escudos en bronce, pertenecientes a la Hermandad de Santiago, Soledad y Santo Entierro, que fueron labrados en los talleres plateros de Villarreal.
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